Los pacientes que deciden hacerse un blanqueamiento dental suelen llegar con muchas preguntas antes de empezar. Y buena parte de ellas responden a mitos que se dan por ciertos porque circulan sin control por internet. En este artículo los repasamos uno a uno para confirmarlos o desmentirlos.
Los mitos se perpetúan sobre todo porque se apoyan en algo que es parcialmente verdad, o porque el argumento parece lógico a primera vista. En ambos casos se están obviando datos relevantes. Con la salud, contrasta siempre la información con fuentes fiables.
Mito 1: el blanqueamiento daña el esmalte
Se tiende a creer que el tratamiento blanquea los dientes a costa de quemar o destruir el esmalte.
El blanqueamiento, como cualquier tratamiento médico, debe realizarse de forma correcta. Aplicado mal —sobre todo cuando no se acude a un especialista o se desoyen sus indicaciones— sí puede dañar el esmalte. Igual que tomarse el doble de las pastillas que te ha pautado el médico para que «haga más efecto». Realizado por un profesional y siguiendo el protocolo, no daña el esmalte.
Mito 2: hay remedios caseros que funcionan
Circulan supuestos remedios caseros como aplicar bicarbonato de sodio, agua oxigenada o limón sobre los dientes.
La realidad es que no existen métodos caseros que funcionen de verdad y no dañen tu salud bucodental. Si existieran, te los recomendaríamos, igual que te recomendamos cepillarte los dientes tres veces al día. Estos remedios pueden producir una ligera mejoría que desaparece en pocos días, y a cambio abrasan el esmalte y perjudican tu salud bucodental.
Mito 3: el blanqueamiento dental duele
Se cree que el blanqueamiento produce dolor durante el tratamiento y después de él.
El blanqueamiento puede provocar sensibilidad, sobre todo en las primeras 24 horas desde la aplicación en clínica. Sin embargo, siguiendo las indicaciones de tu especialista no deberías notar dolor ni en ese primer día.
Mito 4: el resultado dura toda la vida
Spoiler: no es así.
Igual que ocurre con el color natural de tus dientes, tus hábitos —además de la genética— modifican el tono del esmalte con el paso del tiempo. La duración del efecto blanqueante se estima entre 2 y 5 años. Por eso recomendamos un blanqueamiento de recuerdo cada dos años aproximadamente.
Mito 5: cuanto más blancos, más sanos
Este mito parte de la idea de que unos dientes amarillos son dientes enfermos y que, por tanto, cuanto más blancos estén, más sanos serán.
Un tono amarillento no es necesariamente señal de mala salud bucodental: el color de los dientes no funciona como un semáforo del estado de la boca. De hecho, perseguir de forma obsesiva el «blanco nuclear» tiene nombre —blancorexia— y puede acabar dañando los dientes, porque ese tono rara vez se alcanza de forma saludable y suele llevar a recurrir a tratamientos no supervisados.
En resumen
El blanqueamiento dental es un tratamiento seguro y eficaz cuando lo indica y supervisa un profesional, con un resultado que dura años y que se mantiene con revisiones. Lo que no es seguro son los atajos.
Si estás pensando en blanquear tus dientes, pide una valoración y te diremos si eres candidato y qué resultado puedes esperar en tu caso.